Opeth en Bogotá

Fecha del evento: 1 de Abril de 2009
Lugar: Teatro Metro – Bogotá
Hora: 5 p.m.
Organizado por: Open Music Comunity Mind
Artículo por: Alejandro Bonilla Carvajal

MARAVILLOSA COINCIDENCIA

No tienen chica hermosa dotada de voz dulce haciendo la contraparte a los gruñidos del cantante en tarima, ni explosiones de fuegos artificiales, vestuario excéntrico o sencillos radiales pegajosos que tararean las masas; entonces, ¿por qué nos gusta tanto Opeth? Tal vez porque son capaces de desarrollar una propuesta musical vanguardista y cautivante en un espacio aséptico como resulta el estudio de grabación. Eso quisimos comprobar cuando los viéramos consolidar todo aquello en vivo, sin artilugios.

El quinteto congrega con una gracia única a un público que va desde el desprevenido escucha que se siente atrapado, pasando por el consumado adorador del rock progresivo que los respeta, hasta el fan del metal extremo que cae en la tentación de su deleite; algo extraordinario. Empero, pretender describir las emociones vividas durante la primera actuación de la agrupación sueca Opeth en Colombia es una tarea infructuosa.

La cita para probar su energía era en el reformado teatro Metropol, ubicado en el centro de la capital, que en esta oportunidad abrió sus puertas a mitad de semana y justo en una hora caótica: cuando arriba la noche y los oficinistas huyen despavoridos de sus puestos de trabajo mientras reputadas universidades y centros de “educación superior” de garaje inician la jornada nocturna para miles de somnolientos estudiantes. Tal vez por ello, y sumando a que muchos veníamos desde otros puntos de la ciudad, sorprendió que con tres actos de soporte (dos nacionales y uno ecuatoriano) a las siete de la noche los comandados por el indescifrable Mikael Åkerfeldt ya estuvieran en tarima deleitando a un rebosante auditorio con los acordes de “Heir Apparent”.

Supongo que infortunadamente los grupos previos debieron ejecutar su set en un abrir y cerrar de ojos. Ante la incredulidad de muchos (alguien me dijo que mientras eran requisados por los miembros de logística pensaron que lo que escuchaban adentro era música de fondo de Opeth para calentar los ánimos) el grupo prosiguió el anticipado show con la compleja y a la vez evocadora “Ghost Of Perdition”. Con esta epopeya de riffs, armonías, subes y bajas sincronizados cundiendo por el teatro, con la excitación colectiva emanada desde el palco hasta los guerreros de la primera fila; tanto el nuevo desaguisado de la selección colombiana de fútbol, como los trancones para llegar al evento y demás “dramas” quedaron en el olvido. Sicólogos, pastores, hierbateros y motivadores “profesionales” quedarían pasmados al ver lo que consiguen los de Estocolmo cuando tocan “Godhead´s Lament” ante centenares de personas.

El Metropol presenta una buena acústica y una formidable visibilidad desde cualquier ángulo, su nueva apariencia dista mucho de la temeraria caverna en la que me encontré hace meses al asistir a un concierto local. Con estas condiciones en la locación y un remarcable entorno técnico, la actuación se hacia con cada tema más redonda. Transportándonos una década atrás en la oscura historia del conjunto, “Credence” fue una interesante inclusión en el set list. Posteriormente retomamos su ultima producción, el laureado “Watershed”, que incluía el, según comentó Martín Méndez en una entrevista reciente para este medio, “tema más complicado de interpretar en estos momentos para la banda: ‘Hessian Peel’”. No dudamos de sus palabras pero al verlos disfrutar la libertad con que tocan toda la pieza, parecía un juego de niños.

Åkerfeldt está bien lejos de ser el típico frontman que va vociferando “¿cómo están Bogotá?, ¿quieren más rock and roll?” y demás clichés de los conciertos. Mantiene su posición en el centro del escenario, sacude su melena cuando es oportuno y lanza una serie de comentarios entre las canciones que te ponen a dudar si estas ante un genial músico con visos de demencia, si es un músico bajo el influjo de algún narcótico, o un comediante a tiempo completo que se gana la vida escribiendo melodías exquisitas. Sus historias como aquella de un chico vestido con camiseta de Sacred Reich y bermudas de Destruction con el sueño de algún día tocar en Bogotá, para más tarde estar rodeado de bellas colombianas, sumada a otras reveladoras anécdotas, decoraron con buen humor esta deseada por años, cita con el magistral nombre escandinavo.

“The Leper Affinity” puso los pelos de punta en más de un individuo, gran muestra de la inacabable paleta de tonos musicales que Opeth puede ofrecer. Con la solicitud del artista a sacar el encendedor del pantalón, o como sucede en nuestros días, el teléfono celular, llegó la hermosa “Closure” ¬–perdónenme los puristas, pero quien escribe se sintió trasportado a aquella mágica noche cuando Roger Waters visitó esta ciudad–. El ambiente bañado de luces intimistas, público entregado y notas surrealistas llenaron el espíritu de gloria; todos éramos cómplices, disfrutando de este manjar progresivo.

Cavando de nuevo en las raíces del quinteto, “The Night and The Silent Water” fue otra grata inclusión en el repertorio, trabajo arduo de realizar teniendo presente que la banda se aproxima a la decena de álbumes de estudio y sus temas por lo general superan los cinco minutos de duración. Preparando a la audiencia para el triste final, Mikael Åkerfeldt solicitó a los presentes saltar y hacer headbanging con la próxima, por demás se mofó del corto cabello de Martín Méndez lo que resultó en una ovación para el bajista de origen uruguayo quien regaló unas cuantas palabras de agradecimiento en español. La grandiosa “Lotus Eater” puso aparentemente punto final a esta velada.

La reaparición de los músicos generó una algarabía desbordada, no obstante, para que Opeth ofreciera un tema más, su carismático líder demandó del público un cariñoso “Fuck You” para cada uno de los integrantes de la agrupación, todo ello a manera de juego unánime entre el palco y la platea. El desenlace de este portentoso show fue con “Deliverance”, composición extensa llena de pasajes seductores que van desde el filo más agresivo hasta los tonos sosegados, marca de la banda. Así, en resumidas cuentas tras dos horas en tarima se cerró una visita esperada por años por públicos diversos, enamorados de una visión muy particular de hacer música, compleja pero con mucho corazón. Tal vez por esta maravillosa coincidencia es que sencillamente nos gusta tanto Opeth.

OTROS EVENTOS

[su_divider top=»yes»  style=»default» divider_color=»#999999″ size=»5″ margin=»15″ class=»»]

OTRAS PUBLICACIONES

[su_posts template=»templates/default-loop.php» id=»» posts_per_page=»8″ post_type=»post» taxonomy=»category» tax_term=»» tax_operator=»IN» author=»» meta_key=»» offset=»0″ order=»DESC» orderby=»date» post_parent=»» post_status=»publish» ignore_sticky_posts=»no»]

NOTICIAS

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. política de cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
Translade»
Scroll Up
Abrir chat
1
¿Ayuda?
Hola, Oraculo Magazine le puedo ayudar