Heaven and Hell en Bogotá

Fecha del evento: 5 de Mayo de 2009
Lugar: Coliseo Cubierto el Campín – Bogotá
Hora: 8 p.m.
Organizado por: Media Corp
Artículo por: Alejandro Bonilla Carvajal

A la cabeza de la lista de conciertos rockeros imprescindibles y afortunadamente viables de apreciar hoy en día en Colombia se encuentra el nombre de Black Sabbath. La banda que ostenta cuarenta años a sus espaldas, no solo creó un estilo musical capaz de enloquecer a millones de personas sino que ha evolucionado acertadamente para continuar redefiniendo el camino. Tal trayectoria nunca ha pasado inadvertida; innumerables agrupaciones se rinden a los pies de semejantes maestros, por lo tanto, la buena etapa que vivimos en los últimos meses con la visita a nuestro país de artistas fundamentales del género estaría incompleta sin los mentores del sonido monolítico, oscuro y diabólico.

Henry Rollins, otrora líder de los incendiaros Black Flag alguna vez expresó: “solo puedes confiar en ti mismo y en los primeros cuatro discos de Black Sabbath”. ¡Vaya sabiduría la del también poeta y actor! Si bien quien escribe estas líneas debe confesar su devoción por el periodo 1970-1978 de los de Birmingham –preciosos días cuando Ozzy Osbourne empuñaba el micrófono cantando con su voz-mantra y Bill Ward golpeaba los tambores como ningún otro baterista–, es innegable que la agrupación supo salir airosa e incólume del desafío de una nueva fase a inicios de los ochenta con el pequeño en estatura y gigante en garganta Ronnie James Dio. Álbumes de la talla de “Heaven and Hell” y “Mob Rules” mostraron un grupo rejuvenecido, con poder para continuar rigiendo el universo que ellos mismos habían creado una década atrás.

No obstante, las extensas giras, las presiones de la industria discográfica y los problemas de ego en el interior de la banda hicieron sucumbir a esta brillante formación a la que poco después se sumaría el nombre del baterista Vinny Appice. En 1992 trataron de volver con cada uno de los tracks que componen el disco “Dehumanizer”, pero no pudieron superar los problemas y eso dio al traste con el esfuerzo. A finales de los años noventa, el fundador y guitarrista Tony Iommy cansado de fracasar con las últimas entregas de estudio del conjunto accedió a congregar la formación original: Geezer Butler al bajo, Bill Ward a la batería y Ozzy Osbourne en la voz. El festival itinerante Ozzfest que dirige la esposa del célebre cantante fue la ocasión precisa. Sin embargo, aunque los shows resultaron apoteósicos, a la larga fueron incapaces en casi ocho años de grabar nuevo material. Era evidente que algo no marchaba bien y que la existencia de Sabbath acataba intereses meramente económicos.

Los rumores en torno a que el guitarrista Tony Iommi estaba trabajando nuevamente con Dio se confirmaron tras la salida de “The Dio Years”, un recopilatorio lanzado en 2007 que como su nombre lo indica abarca las gemas de la agrupación junto al cantante estadounidense, y como caramelo para los fanáticos, ofrecía tres demoledores nuevos temas. El interés mundial por esta vuelta a pistas de la banda, rebautizada como Heaven & Hell a fin de evitar conflictos con la familia-corporación Osbourne, derivó en una exitosa gira junto a los titanes Megadeth y Machine Head. Confirmando la buena salud de dicha alineación no dudaron en meterse pronto al estudio y parir el formidable trabajo “The Devil You Know” hace pocas semanas; diez canciones inspiradísimas capaces de destripar a miles de bandas más jóvenes faltas de creatividad y congruencia. El anuncio de que el primer concierto del tour mundial para apoyar aquella nueva producción sería en Bogotá obviamente nos llevó a todos los fanáticos de Black Sabbath o Heaven & Hell al paroxismo.

Las dudas de muchos acerca de la realización de este ansiado concierto se vinieron al piso cuando estos cuatro monstruos aparecieron rozagantes en una conferencia de prensa efectuada en el céntrico Hotel Tequendama un día antes del show. La tarde del día siguiente los alrededores del Coliseo el Campín lucían bastante calmados para la presentación que vendría al caer la noche. Aquí hago un paréntesis para decir que me llama la atención el gusto, o mejor, el orden de sus prioridades musicales a la hora de ir a conciertos; Metallica juntó 80 mil almas en su visita de 1999; Iron Maiden reportó un número cercano tras dos recientes actuaciones que contaron con un intervalo de apenas un año. En cambio, tristemente los dueños del trono del acero, los que empujaron a estas dos agrupaciones a hacer la música que tanto adoran y respetan sus fans, solo reunieron poco más de 5 mil personas. ¡Inaudito!

Fotos. Adrian Prada

El escenario estaba decorado majestuosamente: la batería puesta sobre una fortaleza de hierro exhibía en sus dos extremos pórticos que custodiaban los amplificadores bajo una serie de gruesas cadenas. Una escenografía de lujo que condensaba los postulados medievales del señor Dio y la eterna imagen críptica de Black Sabbath. Con el anhelo enloqueciendo a más de uno por ver a las leyendas, fue necesario aguardar hasta las nueve de la noche por inconvenientes con el vasto sistema de luces. Una vez solventado el contratiempo, los tonos lúgubres de las mismas enmarcaron las densas notas de “E5150”, encargadas de introducir el show. En el centro de la tarima se plantó la humanidad de Ronnie James Dio, a la izquierda estaba el creador de los riffs más satánicos conocidos por la humanidad, Tony Iommi, mientras por la derecha Geezer Butler rasgaba las cuerdas ultrabajas con la destreza que le caracteriza. Atrás de este épico combo se apreciaba a Vinny Appice incrustado dentro de un enorme kit de percusión.

El siempre afable vocalista le solicitó la bandera patria a uno de los ubicados en primera fila y la histeria no se hizo esperar. Con los protagonistas a punto, “The Mob Rules” hizo sacudir a los asistentes. Por desgracia la magia de la imagen que capturaban nuestras retinas se marchitó debido al sonido deficiente que nos recordó porque el Coliseo el Campín sigue siendo uno de los recintos más desafortunados para presentar eventos musicales. La guitarra de Iommi se retroalimentaba opacando la impresionante voz de Dio y la base rítmica se diluía en decibeles que rebotaban como pelotas. Aquello sin embargo no impidió que fuéramos hechizados con “Children Of The Sea”, portento de canción que comienza delicadamente con un Dio pletórico y va creciendo con elegancia hasta convertirse en un himno de batalla. Momento inolvidable de la velada.

Supongo que no faltó quien reclamara alguna composición de la era Osbourne en el repertorio o tal vez de la carrera en solitario del vocalista, pero a Heaven & Hell sus cuatro álbumes les da para construir una actuación soberbia como ha quedado registrado en forma audiovisual en el DVD “Live at Radio City Music Hall” y como se pudo constatar aquella noche. “I” de ritmo cadencioso fue una precisa apuesta del disco “Dehumanizer” al igual que “Time Machine” poseedora de un riff marca de la casa y una línea de bajo absorbente. Esta ultima canción daría lugar para disfrutar de un solo de batería cortesía del integrante más joven de la banda: Vinny Appice. Aunque no tan virtuoso como su hermano Carmine, el neoyorquino goza de un punch envidiable; golpeó con furia su batería y el toque de bombos en ambos costados nos hizo parpadear.

Se debe reconocer que el sonido en el lugar ganó puntos en esta parte de la actuación aunque nunca estuvo al nivel que merecían los protagonistas. El primer sencillo de “The Devil You Know”, la preciosísima “Bible Black”, tocada en vivo por primera vez en esta presentación, sonó majestuosa. La gente la cantó como cualquiera otro de los clásicos y eso que solo lleva contados días de andar rondando por la red, ya que paradójicamente la afamada emisora FM que patrocinó este concierto jamás ha tenido entre sus irritantes objetivos comerciales radiar música de esta fundamental banda.

Prosiguiendo con material del nuevo registro discográfico, “Fear” y “Follow The Tears” revelaron a un conjunto con la agenda al día en cuanto a sonido y composición se refiere. Tipos curtidos como estos bien podrían estar viviendo plácidamente de sus glorias pasadas acompañados de hermosas rubias y un buen trago, pero a diferencia de otras luminarias de la música contemporánea optan por recluirse en un estudio a fin de grabar canciones que rompen el cráneo y luego recorren medio mundo para mostrarlas. Eso es integridad, no una reunión fingida con el único propósito de engordar la cuenta bancaria.

En la entrada oscura y lánguida de “Falling Off The Edge Of The World” fue evidente el destacado aporte del tecladista Scott Warren, integrante de la banda de Dio y que pese a estar oculto tras la muralla escenográfica agregó un ambiente atractivo a varios de los temas. La cúspide de la actuación se consolidó gracias a un excepcional solo de guitarra del mago Tony Iommi, quien por cierto hizo algunas señas para que le bajaran al retorno. ¿Qué hubiese sido de la música si cierto día una maquina industrial no hubiese destrozado los dedos de aquel obrero ingles y como terapia no hubiese encontrado mejor recurso que tocar una guitarra?

Las inmortales “Die Young” y la que da nombre a este aplaudido retorno musical, “Heaven and Hell” sonaron aún más impresionantes que en aquel infaltable vinilo de 1980 y fueron las encargadas de cerrar esta sublime actuación en la capital. Los músicos abandonaron el escenario mientras en el recinto se vivía una algarabía sin par, así que pronto retornaron para juguetear con “Country Girl”, tema que abría la cara B del disco “Mob Rules”, enganchándola efectivamente a “Neon Knights” una cabalgata directo al infierno a lomo de uno de los riffs más sólidos de la historia. Noventa minutos de música exquisita nos habían iluminado el alma. Se cerraba un capítulo más de inolvidables conciertos, raros en estas tierras vapuleadas por la violencia y atragantadas de ritmos musicales deleznables y vacuos erigidos por los grandes medios.

No importa que las tres cuartas partes de este prodigioso combo anden por el sexto piso, son insuperables en el escenario, demuestran una vitalidad a toda prueba. No me extrañaría que a la vuelta de un tiempo los volvamos a ver en vivo, ojalá en un recinto con mejores condiciones acústicas.

Como periodista siempre soñé escribir este artículo, sin embargo creía que para contar cómo era una actuación de Black Sabbath debía irme a Europa o Norteamérica, por lo que vivir esa experiencia con los padres del sonido, estética y filosofía del metal aquí en Colombia me llena de alegría y orgullo. Sin lugar a dudas pese a las dificultades por estos días nos están sucediendo cosas muy grandes.

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